VESTIGIO DE UN RECUERDO LASCIVO

Me encuentro en el sofá de mi habitación, mirando por la ventana las luces de la ciudad e inmediatamente me sumerjo en el recuerdo de sus gemidos… en la fragancia de su piel, en el sabor de sus labios y en el recorrer de sus manos por mi espalda, obligándome a estar más cerca de ella. Noto como mis emociones y deseos, comienzan a concentrarse en un solo lugar de mi cuerpo, elevando mi necesidad de ella hasta el punto de la demencia; porque es inevitable cerrar los ojos y recordar sus curvas exóticas y sus movimientos delicados, son la combinación perfecta de la exquisitez.

Tengo un deseo insaciable por habitar en ella, un deseo incontrolable de penetrarla con ímpetu, un deseo delirante de franquear cada milímetro de su piel, aromatizando línea tras línea la plenitud del centro de mi deseo y ahogándome de nuevo en la humedad de sus labios, profundizando en la hendidura de sus emociones.

Pero pierdo el control de mi. Necesito tocarme, necesito liberar mi pene al tiempo que imagino que es ella, la que extrae mi erecto y potente pene de mi sudadera. Sujeto sus pechos, obligándola a que se siente a horcajadas sobre mi.

El recordarla apoyada en mis muslos, con su cabello rubio como me hace cosquillas en las piernas me hace jadear. Sus dedos suben y bajan por mi falo; tengo mi abdomen tenso del esfuerzo que estoy haciendo para contenerme. Entonces ella se levanta con cuidado y desliza mi erección en su cuerpo muy lentamente. La mujer de mis fantasías está completamente quieta, con sus nalgas sobre mi pelvis y su columna vertebral contra mis muslos y la escucho exclamar:

–Alex, incorpórate– el recordar su voz, provoca en mí la aceleración de mis manos por masturbarme con más vehemencia; Suelto el aliento muy despacio y flexiono los músculos del abdomen para coger impulso, al hacerlo, recuerdo como la penetro aún más con fuerza, profundizando más y tengo que detenerme. Su sexo se aprieta alrededor del mío y unas gotas de semen intentan escapar de mi control. El recordarla desconcierta mis sentidos y solo me queda tirar mi cabeza hacía atrás del sillón al tiempo que mis manos suben y bajan por mi pene, con afán; la necesito, me urge poseerla y suelto un gruñido al llegar al clímax, bañándome de mi mismo con satisfacción, comenzando mis piernas a temblar por la sensación de placer que solo me provoca el pensar en ella.

Medito en ella, anhelando que, en este mismo instante, ella esté en la misma circunstancia de fogueo íntimo, siendo bañada por sus mismo fluidos, que están impregnados con el vestigio de un recuerdo lascivo por mí.

firmado

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2 comentarios sobre “VESTIGIO DE UN RECUERDO LASCIVO

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