FORASTERO DE OTRO MUNDO

 

Camino por el silencioso pasillo del edificio en el cual vivo, cansado de un día más, lleno de reuniones y responsabilidades, siendo éste mi refugio ideal para mi dolor y mi sufrir.

Estoy frente a la puerta y tras meter mi mano en el bolsillo, saco las llaves y sin afán abro la puerta. El lugar es frío, sombrío y cargado de un silencio fúnebre…, sin poder evitarlo, por mi rostro comienzan a caer lágrimas al recordar a Thomas correr en mi dirección cada vez que me veía cruzar la puerta principal y escucharlo decir:

¿¡Papá, papá…, Qué me has traído hoy!?

Cierro la puerta. Las lágrimas a un me dominan y Tomando dirección al interior de la estancia, dejo mi portafolios encima de un sofá de la sala y llegando finalmente a la barra, tomo una botella de whisky que tengo iniciada de la noche anterior y dirigiéndome al ventanal principal, miro hacia afuera, tratando de distraer mi mente con las luces de la ciudad. Bebo un trago de mi botella y recuerdo que ya ha pasado un año largo desde que murió y seis meses desde que katherine me pidió el divorcio. Lo extraño demasiado y sin poder controlar mis pensamientos, estos arremolinan entre la melancolía y los recuerdos de mi hijo sonriendo, gritando entre juegos; Dios, era tan hermoso, lleno de vida, lleno de alegría y felicidad. Miro al cielo y exclamo con furia:

–¿Por qué tuvo que morir de esa manera tan cruel Dios? –Mi grito es desgarrador y vuelvo a cuestionar: ¿Acaso no te diste cuenta de que solo tenía 6 años?, ¿Qué clase de Dios eres? …, ¡Yo era el que debía morir ese día…!

Y sin poder controlar mi irá, mi frustración y mi dolor, lanzo la botella contra una de las paredes, estrellándose contra un cuadro que contiene una fotografía de los tres juntos en una playa. Me dirijo a recogerla. Retiro los vidrios rotos y sacando la fotografía de su marco, la aflicción toma mí ser de nuevo al ver la sonrisa perdida de mi hijo, mientras katherine lo carga y yo tomo la selfie. Regresando mi furia vuelvo a exclamar:

–¿¡Si realmente existes, oh ser todo poderoso, permite que vuelva ver a mi hijo!?– Digo esto mirando la fotografía y en mi afán de recomponerme, resbalo ya qué la baldosa esta bañada en whisky, provocando una caída vertiginosa y dolorosa para mi cabeza.

Me siento mareado y adolorido. Logro ponerme en pie, e intentando recoger la foto que solté al caerme y cuando estoy a punto de cogerla escucho:

–¡Hola Marcos! — Giro con asombro, buscando de dónde proviene esa voz tan familiar y mi corazón se ha congoja al ver que es mi difunto padre, pero que, sin explicación lógica, esta frente a mi sentado en el sofá, al lado de mi portafolios.

–¿No piensas venir a saludarme hijo? — Me dice de pronto, soltando al tiempo una sonrisa.

Mis ojos no dan crédito a lo que ven y con afán pregunto al tiempo que pienso que debo estar alucinando: –¿En verdad eres mi padre? — Observo como vuelve a sonreír al escuchar mi pregunta y me responde:

–¡Puedo ser tu padre o quién tú prefieras!, tome esta forma inicialmente porque sé que siempre lo respetaste, llenándote de calma y de serenidad, logrando que te sintieras más cómodo con una situación tan particular como está.

–¿Qué dices? — Suelto con afán y angustia, a lo que él me responde:

–No tengas temor Marcos… ¡YO SOY!, y tú me llamaste buscando respuestas. Debemos hablar.

–¡Esto tiene que ser una broma! — afirmo, mientras cojo mi cabeza, que aún me duele por el golpe de la caída.

–¡No!, no es una broma Marcos. Tú cuestionas la realidad de la vida, reclamando a los cielos las respuestas a tus por qué. Además, esta noche hiciste una solicitud al “Todo poderoso” ¿verdad? — sonríe tras hacerme la pregunta.

Lo miro, lo miro y él me mira. Pregunto con algo de ironía:

–¿Eres Dios? — Digo esto desquebrajando mi voz

Sonríe con una serenidad y una paz que sin duda arrebata de mi todo temor y le escucho decir:

–Solo te diré que… ¡YO SOY EL QUE SOY!, dueño de lo visible y lo invisible, siendo aquel que lo es todo y al tiempo lo es nada. Viviendo en ti, viviendo en todo.

Su respuesta me deja desubicado, sin poder entender sus palabras y con duda afirmo:

–¡Entonces tú eres Dios! — y veo como suelta una carcajada al tiempo que dice

–Marcos, Marcos– vuelve a reír y continúa, –hablemos ahora de lo que realmente importa, ¿te parece hijo?… ¡hablemos de Thomas! —

Mi gesto cambia. El dolor, la irá y el odio hacía mí mismo regresan y le pregunto:

¿Por qué lo dejaste morir?, ¿por qué no me llevaste a mí en vez de él?, ¿En dónde estabas? Y sin poder evitarlo, mi cólera domina mi razón, transformando mis preguntas en acusaciones y mirando con sed de acabar con el mundo.

Noto que se incorpora del sofá y se acerca a mí y sin dudarlo me abraza y sorprendiéndome, comienza a llorar al tiempo que le escucho susurrar me al oído:

–Marcos, hijo mío… tu dolor y tu odio nubla tu mente y tu corazón de la verdad. Confía en mí y encontrarás las respuestas a su debido tiempo. Yo te amo y nunca has estado sólo en esto– me suelta y mirándome fijo a los ojos, agarrando mis hombros con firmeza continua: –Todo es tiempo. El ser humano durante toda su existencia a creído que la ecuación de la vida se encuentra marcado por un factor numérico, convirtiéndose en una formula infinita de engaños que determinan un resultado erróneo de lo qué son, pero la verdad es que la medida de la existencia y la realidad están marcadas por el tiempo. El tiempo hace inexistentes las realidades de la verdad. Ejemplo, tu amado mío, vives tu presente en el ayer, convirtiendo tus recuerdos en la prisión de tú existencia.

Lo miro sin entender lo que me dice y cuando voy a decir algo, él continúa:

–Haremos un viaje para qué puedas comprender mis palabras y de paso verás lo que necesitas para que reacciones– dice esto mientras seca sus lágrimas

— ¿Por qué lloras si eres él todo?– pregunto con curiosidad, a lo que él me responde:

–¡YO SOY!, la luz del mundo y vivo en el espíritu de cada hombre y mujer de esta tierra. Al vivir en ustedes puedo sentir cada emoción expresada en alegría, en tristeza, en amor u odio y por eso mismo comprendo cada corazón, logrando amar a cada uno por lo que es, tanto a buenos como a malos. Ustedes son la creación perfecta de ABBÁ– y tras sonreír, me ordena diciendo ¡Sígueme!

Veo que gira y se dirige al balcón y siguiendo le con curiosidad, le suelto con algo de gracia:

–¿no pretenderá que yo vaya a saltar al vacío verdad? — y de inmediato lo oigo reír y pronunciar mi nombre diciendo –Marcos, Marcos– mientras menea la cabeza de lado a lado.

Una vez los dos en el balcón, Él alza su mano Izquierda hacía los cielos oscuros de esta noche y de un momento a otro, desde adentró de una nube, comienza a salir una luz dorada que comienza a tomar forma de una escalera bañada en fuego y oro macizo llegando a nosotros.

El miedo me invade de momento, pensaba que estaba alucinando, pero la verdad es que todo es cierto, real y palpable. Siento el calor del fuego, pero no me quema y le escucho decir:

–No tengas miedo… Yo siempre estaré contigo hasta el fin del mundo. Confía en mí– y me extiende su mano.

Su imagen cambia, abandonando la de mi padre y termina rodeado de luz, cubriendo su rostro en plenitud de gracia, invadiendo mi ser de una tranquilidad indescriptible y sin dudarlo tomo su mano. De inmediato comenzamos el ascenso y de apoco las luces de la ciudad comienzan a ser distantes.

Finalmente llegamos al último escalón y veo un gran jardín con un sendero hermoso. Veo muchas personas entre niños, hombres y mujeres, todos ellos con unas vestimentas de luz de diferentes colores. azul, rojo, amarillo y mil colores más. Pregunto con curiosidad:

–¿Son Ángeles? –a lo que él me responde con una voz dulce y serena

–¡NO! — y mirándome continúa: — estos son seres humanos que ya han partido del mundo terrenal y se encuentran en este lugar de reposo esperando el final de los tiempos. Y antes que preguntes, tampoco estamos en el cielo– y vuelve a sonreír.

Miro maravillado todo el lugar, es extremadamente bello, con un esplendor único con un derroche infinito de paz, de felicidad y gozo indescriptible. Miro en dirección a un gran árbol que tiene todo tipo de frutos reunidos y mi corazón se detiene de golpe al tiempo que mi boca se seca al observar a Thomas jugando bajo el árbol; ríe, es feliz y sin pensarlo salgo a correr en su dirección gritando su nombre. ¡Es mi hijo, mi hijo!

Finalmente llego frente a él y cuando lo voy a abrazar, termino tendido en el suelo, porqué he atravesado a Thomas. Lo llamo con insistencia, pero no me escucha y preguntando de inmediato exclamo

—¿Qué está sucediendo?, ¿Por qué mi hijo no me escucha ni me siente? –la desesperación me invade

–Marcos, tu eres forastero de otro mundo, de otro tiempo y de otra dimensión, manchado por la corrupción de la mortalidad. Tu no perteneces aun a esta dimensión y por esa razón no te ve no te escucha.

Comienzo a entrar en conflicto con mis sentimientos mezclados entre la alegría y la resignación. Caigo arrodillado dando gracias por tener la oportunidad de volver a verle y de escucharlo reír, pero qué desearía poder pedirle perdón a Thomas por no poder salvarle. Mi sollozo lamento es desgarrador por la culpa que carga mí corazón, al punto que mi quebranto es eco que resuena en el viento y, sin embargo, ninguno de ellos me oye. De un momento a otro, siento unas manos cálidas en mi cabeza y le oigo decir

–Marcos escucha con atención. Vive tu tiempo, la realidad en la que vives es inexistente, cada día que pasa es uno menos en tu vida y estas dejando escapar los regalos que la vida te brinda a diario por aferrarte a un pasado doloroso que te tiene estancado en la miseria. Tu esposa te ama aún y ante mis ojos ustedes aún son una sola carne, pero te encerraste en tu dolor, abandonando a la mujer que te amado más que a sí misma. Vive tu tiempo, tienes el poder de recuperar tu vida y ten la seguridad de que Thomas los estará esperando a ambos con sus brazos abiertos. Déjalo descansar y no le robes la paz.

Sonrío y el continúa

–Perdona tu corazón y trasciende en el tiempo, comprendiendo que estás en un viaje que nunca ha tenido un inicio ni un final. — y levantándome me dice de nuevo: –Querido forastero es hora de que regreses — y me señala en una dirección diciéndome: — Ve en paz–

Comienzo a caminar en la dirección del lugar señalado y observo dos pilares de granito negro brillante y entre ellas el sol, reflejándose en el agua que rodea los pilares como si se tratase de una puerta paralela. Cuando estoy a punto de llegar miro atrás buscando verlo por última vez y lo veo jugar con Dios y comprendo que no puede estar en mejores manos y que ahora me toca vivir bien para poder morir bajo los ojos del tiempo y poder volver a reunirme con él y así dejar de ser un forastero de otro mundo.

firmado

 

Relato Protegido.

Licencia: Creative Commons Attribution 4.0,

Código de registro: 1810238797509.  Fecha de registro: 23-oct-2018 2:16 UTC

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