EROS VOL. 1 – UNA NOVELA PARA WATTPAP

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Como era de esperar, el caos y el bullicio en la terminal aérea, José María Córdoba, de Rionegro era frenética.

Él mira por la ventanilla del taxi esperando a que merme su marcha. Tras bajarse del taxi, Alex, se despidió del taxista con amabilidad y se dirigió hacer el respectivo chequeo de seguridad de su maleta. Mientras espera pacientemente en la fila, observando en su celular los mensajes de WhatsApp de despedida por parte de sus amigos. Alex pensó en su nuevo desafío laboral. Haber pasado unos días en Medellín, su ciudad natal, antes de incorporarse a su nuevo empleo en los estados unidos, había sido maravilloso, y tras sonreír, miró a su alrededor. Ve como una pareja mayor, lloran despidiendo a un joven, que al igual de ellos llora, sin embargo, se nota que es una despedida llena de felicidad. Hasta que sus ojos reparan a una mujer que se le hace familiar, que al igual que él, espera turno en la misma fila y sin duda, la feminidad de aquella, llamaron su atención.

No da la impresión de estar muy feliz. Parece discutir por teléfono, y escuchó:

–Mauricio, cuida bien de mamá y no quiero saber que estás volviendo a beber porqué sabrás de mí. ¿Entendiste?

Después de colocar su maleta en la cinta transportadora, Alex cogió el billete que le entregaba la chica de seguridad y, tras guiñarle un ojo con picardía, se encamino hacia el control de seguridad para ir al área de abordaje. Espero su turno para pasar por el arco, dejando su morral, su móvil, y su cinturón en una bandeja negra y, tras saludar ligeramente a un oficial de policía, esté le hace un gesto con la mano y Alex paso. Luego recogió sus cosas y sin afán, caminó durante un rato por las tiendas del aeropuerto. Finalmente vio la puerta de abordaje que le correspondía y se dirigió hacía un café bar que había frente a ella. Pidió un café y se sentó en una de las mesas. Al fin cómodo, abrió su morral, saco su laptop, comprobó su correo y, después, busco los documentos pendientes por revisar de la compañía, a la cuál trabajaría. Tenía tiempo suficiente para leerlas.

Así paso más de una hora y, cuando la azafata anunció el abordaje del vuelo, Alex guardo su laptop en el morral, se levantó de su silla, y dirigiéndose hacia la fila, vio que estaba detrás de la mujer que aseguró reconocer. El perfume que desprendía era exquisito, realmente olía muy bien, pero a Alex le gustó más aún cómo movía su cintura al caminar. Andaba con un desborde de sensualidad.

Tras dar su tiquete a la mujer del mostrador, él continuó caminando detrás de aquélla. Tras saludar con una sonrisa a la azafata de la entrada, se dirigió a su asiento situada en la fila izquierda, en clase ejecutiva.

Se alegró al saber que aquella mujer seria su compañera de vuelo y le sonrió, saludándola:

–Hola.

Sarah, clavó los ojos en él y lo observo unos segundos. Aquel hombre era el mismo que recordaba, el cual tenía la misma hechizante mirada. Su excompañero seguía siendo él mismo buen mozo de siempre. Sin embargo, volvió en sí, se acomodó su cabello y le devolvió el saludo de forma tajante:

–Hola.

Durante unos segundos ambos estuvieron en lo suyo, hasta que Alex vio que ella se sentaba y, mirándole con detalle, indicó:

–ya te recuerdo, pero ¡si eres Sarah!, que bella coincidencia.

Al oírlo, Sarah asintió.

–si. ¿Te parece?

Sin darse por vencido, Alex con su encanto sonrió e insistió:

–Parece que viajaremos juntos de nuevo, como en los viejos tiempos.

–Eso parece. –se limitó a responder ella, mientras recordaba, esa época que contenía mucho morbo y lujuria.

En ese instante se oyó por los altavoces:

Buenas noches, señores pasajeros. El capitán y la tripulación les damos la bienvenida y las gracias por elegir el vuelo de América Airlines con destino a New York, que hará escala en la ciudad de Panamá…

Mientras la azafata continuaba hablando a través de los altavoces, sus compañeras se acercaron para preguntarles con gentileza, si deseaban algo de beber. Tanto Sarah como Alex pidieron un trago de whisky, lo que hizo que ambos se miraran y sonrieran.

Entonces, aprovechando la situación, él murmuro:

–Qué bueno que aún conservas el buen gusto por el licor.

Sarah asintió y él prosiguió:

–Sigues igual de hermosa. Después de dos años sin vernos, sigues despertando mis deseos tan solo con verte.

La joven sonrió y, bajando su trago, conto:

–Pues tú no estás nada mal—la verdad era que realmente, él estaba mucho más masculino y atractivo que antes, pero ella no pretendía elevar el ego de él.

Alex asintió y, sonriendo como él sólo sabía, afirmo:

–El destino nos volvió a unir, mi Sarah.

La joven sonrió de nuevo al oír eso, y sorprendiéndola, él tomo de su mano y besándola comentó:

–La pasaremos bien compañera de viaje.

La joven asintió. Sin duda Alex seguía siendo un hombre seductor. Minutos después, el vuelo tomo rumbo.

Por unos minutos estuvieron en silencio, hasta que Alex indicó:

–¿Aún lees literatura erótica?

Sarah lo miró con asombro. Después de tanto tiempo, aún recordaba ese detalle y oyó que él añadía:

–En mi equipaje llevó uno de la escritora española Megan Maxwell, se llama “Pídeme lo que quieras”

Ella asintió, y afirmó bajando la voz:

–Es buenísimo, ya lo leí y es muy erótico.

A continuación, ambos rieron; como siempre, el sexo ocasionaba risas. Entonces Alex pregunto sin medir palabra:

–Y… ¿Qué piensas de ese género literario?

Ella sorprendida por la pregunta, responde:

–¿A qué te refieres?

Sabedor de la atracción que ejercía entre las mujeres, Alex se acercó un poco más a ella y murmuro:

–Me refiero a si lo ves factible en tu vida o eres de las que se asustan ante la posibilidad de vivir esa situación.

Durante un instante, ambos se miraron. Sin duda estaba claro lo que pensaba con relación a ese género literario, así que, dejándose llevar por el momento, y consciente de que era el mejor momento de seducirlo, Sarah acercó la cabeza a la de él, y a tan solo de unos centímetros de su boca, respondió mirándole a los ojos:

–Me gusta la literatura erótica. Y mis fantasías ya de a poco las convierto en una realidad porque ya no le temo al sexo.

Sin apartarse de ella, deseando besarla, Alex recordó lo ingenua que fue en el pasado esa mujer, cuando la tuvo en su cama, sonrió y oyó que ella añadía:

–Y aunque piensas que aún sigo siendo esa niña ingenua, temerosa de los hombres y del sexo, he de ser sincera al decirte que te equivocas. —Alex, que no entendía como ella supo lo que pensaba, frunció el ceño, y ella prosiguió: –Te vi en la sala de embarque y rápidamente sentí que me observabas. Después, durante el abordaje, mientras hacíamos fila, te sentí detrás de mí y eso me agradó. Es más, pensé que está seria la oportunidad de que tu cayeras en mi juego, y percibí tu fragancia, ¿Cuál llevas?

–¡Invictus!

Sarah asintió al tiempo que en su interior sonreía al ver a su excompañero tan desconcertado.

Sorprendido, Alex parpadeo cuando aquélla, sin un apéndice de vergüenza, poso los labios sobre los de él, y rosándolos, murmuró:

–Eres sexi, tentador y algo me dice que sigues siendo igual de apasionado en la cama, pero yo no sigo siendo la misma inexperta.

Boquiabierto, Alex no se movió.

En cuanto al sexo se refería, el seguro y dominante, había sido él, pero sin duda aquella mujer, que ya no lograba reconocer, no se quedaba atrás. Cuando abrió la boca dispuesto a aceptar la sugerente lengua de ella, Sarah sonrió y tras darle un besito en la nariz, musito regresando a su asiento.

–Y, ahora que ya aclaré tu duda, ¿Qué te parece si te levantas de tu butaca, te diriges al baño y me esperas allí?

Alex asintió, sonriendo con picardía al tiempo que se levantaba de su asiento.

Mientras él caminaba, alejándose, lo observo. Además de ser un tipo tremendamente atractivo, era también encantador. Pensó en su mirada, en aquélla mirada que la había inquietado en el pasado.

Sarah se levantó, y sin dudarlo, puso rumbo a los aseos del avión, dispuesta hacer una locura, una locura que nunca imagino que sucediera con su excompañero.

Por el camino, observó con disimulo que nadie la mirara. Cuando abrió la puerta del baño, se encontró con Alex que la esperaba con ansias, no lo dudo y, acercándose a él, lo empujo, lo hizo arrinconar y murmuró:

–Está es una de mis fantasías y ahora serás mío.

Alex, sonrió y la besó. Su excompañera era dulce, sensual y, dispuesto a disfrutar de lo que ella le ofrecía, paseó con lujuria los labios por su cuello y susurró:

–Ni te imaginas cuánto deseaba hacerlo

Contenta al ver el deseo de Alex, lo beso. Le gusto notar su sedosa lengua jugando con lande ella dentro su boca, y su sabor, unido a su posesión, la enloqueció.

Encantada, y sin que podrían pillarlos, Sarah llevo con urgencia los dedos hasta el cinturón y la cremallera del pantalón de él y comenzó a desabrocharlo. Tras hacerlo, introdujo las manos en el interior del bóxer blanco y, cuando lo oyó gimiendo de satisfacción de aquel, murmuro:

–Me gusta lo que siento en mis manos.

Alex sonrió. Posó una de sus manos sobre el pecho de ella y se los tocó con posesión y lujuria.

Sin embargo, estaban en un sitio público y no podían demorasen mucho. Alguien podía sorprenderlos, y por nada en el mundo querían dejar aquello que habían comenzado a medias. Así pues, Alex se sacó rápidamente de la billetera un preservativo, se lo puso con maestría mientras besaba aquella apetecible mujer y, una vez término, le dio la vuelta, le subió la falda larga que llevaba y, bajando sus pantys al suelo, le pregunto al oído en un tono lleno de sensualidad:

–¿Estás lista… preciosa?

Con la adrenalina a tope por lo que estaba sucediendo, Sarah asintió, y Alex, excitado con aquello y separándole las piernas, murmuró mientras introducía el duro y caliente miembro en su húmedo sexo.

–Te haré nuevamente mía, hasta que grites… ¡mi nombre!

Sarah jadeo al sentir el terso pene dentro de ella, y él, dándole un leve azote posesivo, comenzó a entrar y a salir de su interior con ferocidad al tiempo que susurraba en su oído:

–¡exquisita!

Sarah disfrutaba de aquello más de lo que en un principio podría haber imaginado y Alex prosiguió mientras su cuerpo se erguía de placer.

–Tenemos que ser rápidos, cariño, aunque me encantaría…

No pudo finalizar la frase. El placer era intenso y Sarah susurró abriéndose dichosa para él:

–sí… lose… lose, entre suaves gemidos.

Como lo recordaba, su excompañero era bien dotado y, sobre todo, sabia moverse muy bien. Su movimiento al penetrarla era maravilloso y sin importarle las consecuencias, así que suplicó posando una de sus manos en las nalgas de él:

–No pares, quiero que me des lo mejor de ti.

Excitado por cómo ella había ido por él, Alex se lo dio todo entrando y saliendo rítmicamente de ella sin descanso. Tras un grito ahogado de sumó placer por parte de los dos que les hizo saber que el clímax había llegado, aquello acabó antes de lo que habrían deseado.

-Eres exquisita—declaró Alex besándola en el cuello

Aquella simple palabra, dicha de la forma en que la había dicho, excito a Sarah, lo ocurrido había sido una locura, pero le encantaba haber disfrutado de ella.

Una vez que él se retiró de su interior y se dispuso a quitarse el preservativo y limpiarse, ella le solicitó que saliera del baño que necesitaba organizarse. Cuando estuvo sola, se miro al espejo, y al ver su cara bañada en sudor y congestionada por lo ocurrido, murmuró cerrando los ojos:

–Estoy hecha un desastre—segundos después los abrió y, mirándose de nuevo en el espejo, añadió con cierta gracia. –Pero ha estado fenomenal—

Dicho esto, sonrió, abrió el grifo y se hecho agua en la cara y en el cuello. Sacando papel, se aseo un poco la zona intima. Cuando terminó, fue a mirarse de nuevo al espejo y, al salir del baño, se encontró con Alex, que la esperaba con una sonrisa cautivadora.

–¡Estás perfecta!

Ella sonrió y afirmo:

–siento haberte dicho que te…

No pudo decir más…, Alex la beso con posesión, sin importarle que los otros pasajeros los viesen y cuando acabó, declaró:

–Estás perdonada.

Sarah sonrió y él, cogiéndola con firmeza de la mano, dijo mientras comenzaban a caminar en dirección a sus asientos de vuelo:

–Vayamos a beber algo, estoy sediento.

A partir de ese instante, su relación cambió. Ahora actuaban como una pareja, con intimidad, prodigándose ciertos cariños y besos, como cuando fueron compañeros de trabajo y de cama.

Estaba claro que ambos querían disfrutar de las horas que le quedaban juntos. Lo ocurrido en ese avión les había hecho darse cuenta de que la vida se compone de momentos y, sin duda, aquel era el de ellos.

Proximo capitulo en Wattpat.

firmado

La presente nota informa que sobre la obra y/o prestación titulada “Eros Vol.1”, registrada el 07-nov-2018 21:49 UTC con código 1811078973061, en el Registro
de Propiedad Intelectual de Safe Creative.

A la fecha y hora de emision de esta nota informativa la reserva de derechos que figura en la inscripción de esta obra es: “Creative Commons Attribution 4.0”.
La presente nota informativa ha sido emitida el día 07-nov-2018 a las 21:51 UTC a instancia de John Alejandro Pérez Orózco

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